El vino tinto puede ser la solución
La “paradoja francesa” ha cautivado a investigadores de varios campos durante décadas. A los franceses les gusta mucho el queso. Se estima que consumen unos 26 kgs por persona y año lo que les colocaría en el primer lugar del mundo. En general, el consumo de grasas de consumo animal de los franceses debería situarles en los lugares de mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares (ECV) del mundo desarrollado. Y, sin embargo… La Universidad de Harvard publicó en 2022 uno de los estudios más detallados de la evolución de las ECV en el mundo que estimaba más de 14 millones de fallecidos por dicha causa en el año 2019 en el grupo de países del G20+. La mortalidad en la Unión Europea fue de 389 por cada 100.000 habitantes, solo superada por Rusia. Y, sin embargo, la de Francia fue de solamente 91; la más baja después de Japón. Era de esperar que los japoneses y los coreanos tuviesen una incidencia menor, con todo el pescado que comen. Y que los europeas la tuviesen más alta, por la popularidad de las grasas animales en general. Lo raro es lo de Francia. Una de las hipótesis más repetidas para explicar la paradoja francesa se relaciona con el hecho de que los franceses también están a la cabeza de otro consumo: el vino tinto. Con 43 litros per cápita al año, Francia solo sería superada por Portugal en esta clasificación.
Veamos si podemos encontrar una posible explicación a esta paradoja. Existe una curiosa substancia llamada resveratrol sobre la que se están lanzando un tsunami de nuevos estudios:
Un estudio publicado en 2016 por el investigador francés Dominique Bonnefont-Rousselot establecía una conexión entre el resveratrol y una menor incidencia de las enfermedades cardiovasculares, explicando los procesos bioquímicos asociados, si bien explicaba que se necesitaban más estudios para establecer mejor las correlaciones, incluyendo el impacto de las diferentes dosis.
Un estudio publicado en 2017 por investigadores como el coreano Jeong-Hyeon Ko establecía que el resveratrol es capaz de atenuar los procesos cancerígenos, y que un gran conjunto de estudios experimentales in vivo e in vitro y algunos ensayos clínicos han presentado evidencia del gran potencial del resveratrol como agente anticancerígeno, tanto para la prevención como para el tratamiento de una amplia gama de cánceres. Un artículo en WebMD en 2022 aclaraba que el resveratrol hace que la quimioterapia sea más eficaz al bloquear las proteínas resistentes a esta técnica médica.
Un estudio publicado en 2023 por investigadores como la iraní Shima Abdollahi establecía que el resveratrol podía mejorar la función renal de la población adulta, algo que ya se había sugerido en estudios anteriores como el publicado en 2020 por investigadores como el taiwanés Jenn-Yeu Song.
Un estudio publicado en 2022 por investigadores como el polaco Kamil Leis demostraba los efectos del resveratrol como factor que previene el envejecimiento de la piel y afecta a su regeneración del cuerpo.
Este último estudio iba más allá, describiendo el amplio espectro de ventajas para la salud que el resveratrol suponía. Resulta de ayuda contra la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades neurológicas, como el Alzheimer, la mejora en la fuerza muscular y, como decíamos, el envejecimiento. Ojo al gráfico a continuación (elaborado con información de dicho estudio), porque es espectacular.
Pero si hay un “tsunami” de estudios y el campo de beneficios es tan amplio, ¿podríamos dar un resumen un poco más completo de las evidencias científicas que se han conseguido en los últimos años? Vamos a intentarlo y para ello me referiré ahora a un artículo de 2020 de investigadores como Xiao Meng. Una de las primeras referencias para Meng y sus colegas fue un artículo publicado en la revista Science en 1997 por investigadores como Meishiang Jang, que presentaba evidencias de las propiedades anticancerígenas de esta molécula. Y a partir de ese punto, el artículo de 2020 hace una recopilación de evidencias científicas presentadas en un cuarto de siglo de investigación sobre el resveratrol y sus beneficios. En las referencias se citan nada menos que 124 artículos en las publicaciones de investigación médica más prestigiosas.
Antioxidante: El resveratrol ha demostrado fuertes propiedades antioxidantes en muchos estudios. Protege contra el estrés oxidativo, uno de los principales contribuidores a muchas enfermedades.
Antiinflamatorio: Se ha demostrado que el resveratrol tiene potentes actividades antiinflamatorias. La inflamación tiene impacto en muchos procesos como la necrosis tumoral o la osteoartritis.
Sistema inmunológico: El resveratrol modula la respuesta inmune contra patógenos como virus, bacterias y algunos materiales tóxicos.
Enfermedades Cardiovasculares: El resveratrol ayudó a prevenir la progresión patológica de la hipertensión, un importante factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Fue capaz de bloquear la progresión de la placa aterosclerótica, otro de los factores de riesgo clave. También previno la activación del inflamasoma, una causa de las lesiones inflamatorias vasculares y a la aterosclerosis. También exhibió efectos antitrombóticos, y contribuyó a la mejorara de la función autonómica cardíaca y vascular.
Cáncer: El resveratrol ha mostrado efectos protectores en varios tipos de cáncer, como el cáncer colorrectal, el cáncer de pulmón, el cáncer de mama, el cáncer de próstata, el cáncer de ovario, el cáncer de cuello uterino, el cáncer de hígado y el cáncer gástrico.
Enfermedades del hígado: Varios estudios señalan que el resveratrol podría mejorar las lesiones hepáticas inducidas por sustancias químicas, la enfermedad del hígado graso no alcohólico, la fibrosis y la cirrosis al modular el estado redox, regular el metabolismo de los lípidos, mejorar la inflamación e inducir la autofagia.
Diabetes: Se ha demostrado que el resveratrol atenúa la diabetes y sus complicaciones relevantes. Reduce significativamente los niveles de glucosa en sangre, los lípidos plasmáticos y los ácidos grasos libres.
Obesidad: El resveratrol disminuyó significativamente el peso corporal y la grasa en ratones con obesidad inducida, mostrando una reducción de la leptina y los lípidos en plasma, un metabolismo modulado de la glucosa y la insulina, y una disfunción inmune restaurada.
Alzheimer: El resveratrol inhibió la agregación de β amiloide (Aβ), un factor clave en la enfermedad de Alzheimer, mediante la modulación de proteínas específicas. También evitó la pérdida de memoria en ratones con Alzheimer al disminuir los niveles elevados de proteína del complejo IV mitocondrial.
Parkinson: Mejoró casos de esta enfermedad activando las vías de señalización SIRT1, AMPK y Nrf2 y modulando las expresiones genéticas asociadas. Estos factores también producen mejoría para la enfermedad de Alzheimer.
¿Y dónde encontraremos esta increíble molécula? La Clínica Mayo (el mejor hospital del mundo) publicaba un artículo sobre este asunto. Explicaba que hace tiempo que se considera que el vino tinto en cantidades moderadas podría ser bueno para el corazón y hablaba del resveratrol, substancia que podemos encontrar justamente en dicha bebida, como una de las posibles causas. Hay también cierta cantidad en la piel de las uvas rojas. También se encuentra en los cacahuetes, los arándanos y los blueberries, en cantidades menores. No está claro cuánta cantidad de resveratrol es necesaria para conseguir buenos resultados, ni si el consumo a partir de las frutas tiene los mismos efectos beneficiosos que el vino tinto. Existen también suplementos de resveratrol, pero podrían causar efectos secundarios y, posiblemente, el cuerpo no absorbería la mayor parte de lo que se administre de esta forma. En resumen, aunque más estudios son necesarios para poder calcular con mayor precisión las relaciones causa efecto, esta fantástica molécula presente en el vino tinto (su fórmula es C14H12O3) podría dar explicación a uno de los misterios más llamativos de la ciencia médica, y de paso abrir nuevos caminos terapéuticos para una miríada de dolencias y enfermedades.
¿Quiere decir esto que todo el mundo debería comenzar a tomar vino tinto? Vamos por partes y hablemos primero del alcohol en general. Según un artículo de la Clínica Mayo, el alcohol tiene una serie de beneficios para el cuerpo si se consume de forma moderada. En los Estados Unidos, el consumo moderado de alcohol entre adultos sanos establece un límite diario de una “copa” para las mujeres y de dos para los hombres. Una copa de alcohol se definiría de esta forma:
12 onzas líquidas (355 mililitros) de cerveza normal
5 onzas líquidas (148 mililitros) de vino
1,5 onzas líquidas (44 mililitros) de licor fuerte o alcohol destilado
Los beneficios de un consumo regular y moderado son:
Aumenta el colesterol HDL, también llamado colesterol "bueno".
Ayuda a evitar que se formen coágulos de sangre.
Ayuda a prevenir el daño arterial causado por niveles altos de colesterol LDL, también llamado colesterol "malo".
Puede mejorar el funcionamiento de la capa de células que recubren los vasos sanguíneos.
Pero, por otra parte, el alcohol también supone algunos riesgos. Está la cuestión de la adicción, que afecta a algunas personas, y todas las complicaciones derivadas del consumo excesivo. Aunque un consumo moderado tiene un riesgo bajo. Por ejemplo, cualquier cantidad aumenta el riesgo de cáncer de mama y colorrectal. Es un riesgo diminuto, pero no cero. También están los casos clásicos en los que hay que evitarlo siempre, como las mujeres embarazadas, contraindicaciones por medicamentos o determinadas enfermedades y personas con historial de problemas alcohólicos.
Tenemos aquí un balance: algunos pros y algunos contras. ¿Y cómo se resuelve este balance en la literatura médica actual? Con un empate. En resumen, lo que te dicen es que, si en la actualidad no consumes alcohol, no te van a recomendar que lo hagas solo por motivos de salud. Pero si ya tomas una copa de vino tinto con la cena, beberlo en cantidades limitadas puede mejorar la salud de su corazón. Es una posición conservadora, pero no sorprendente. El juramento hipocrático es el norte de los médicos y es bueno que así sea. Primero, no hacer daño. Una recomendación directa solo llegará cuando las evidencias de que los beneficios son muy superiores a los riesgos sean totalmente incontrovertibles y ampliamente asumidas por la comunidad médica. Solo esperamos que no tarden 120 años, como sucedió con la norma de que los cirujanos se laven las manos antes de operar.