El Alzheimer se puede revertir
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa causante de cerca del 70% de los casos de demencia. Es la séptima causa de muerte en el mundo y la sexta en los países desarrollados, o incluso la cuarta dependiendo de los datos que tomes. La enfermedad supone un deterioro progresivo. Síntomas como la pérdida de memoria de eventos recientes son habituales. El deterioro continúa llevando al paciente a no reconocer siquiera a sus familiares más cercanos y, eventualmente, lleva a la muerte. La esperanza de vida de una persona con este diagnóstico es de unos 10 años. Además de la crueldad de la enfermedad con los pacientes hay que tener en cuenta la carga que supone para sus cuidadores y el coste económico. Se estima que hay 50 millones de personas con la enfermedad a nivel mundial y que su coste anual es de 1 t$. Es decir, de un orden de magnitud similar al tamaño de la economía de un país como España.
Las causas de la enfermedad son múltiples, complejas y no se comprenden bien todavía. Uno de los factores es el genético. Por ejemplo, una variante genética llamada APOE4 se ha correlado con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Un caso famoso es el del actor Chris Hemsworth (el marido de Elsa Pataky, que hace de Thor en las pelis de Marvel), que está en el 2-3% de la población que porta dos copias de dicho gen, lo que le sitúa en la categoría de mayor riesgo. Otros factores que podrían incrementar el riesgo son los golpes a la cabeza, los cuadros de depresión y la presión arterial alta.
De todos es conocido que no existe cura para esta enfermedad y que, de momento, los esfuerzos de la industria farmacéutica han resultado en muchos sinsabores y pocos éxitos. Lo que está disponible tiene, como mucho, efectos paliativos de algunos síntomas. Y poco más. Como comentábamos, se han descubierto algunos genes que indican un mayor riesgo de contraer la enfermedad, pero no era recomendado por los médicos realizar tests genéticos, porque solo podía llevar a las personas con esas variantes a la frustración, ya que no había mucho que hacer al respecto.
En el verano de 2024 la CNN presentó un documental dirigido por el doctor Sanjay Gupta llamado El Último Paciente de Alzheimer. En este trabajo se entrevistaban a una serie de pacientes y a sus doctores. Años atrás, los pacientes habían mostrado claros síntomas de declive cognitivo tras un diagnóstico de la enfermedad. Sus doctores habituales les habían dicho lo que casi todos los médicos te dicen en este caso: arregla tus asuntos en los próximos meses, porque en muy pocos años habrás perdido cualquier capacidad mental para hacerlo. Los pacientes del documental se unieron, a continuación, a una serie de programas experimentales de prevención del Alzheimer. ¡Y, voila! No solo no continuaron experimentado un deterioro progresivo, como era de esperar, sino que mejoraron, recuperando sus capacidades cognitivas y su memoria a corto plazo. En algunos casos se realizaron test objetivos, como el biomarcador en el plasma Aβ42/40, una de las mejores formas conocidas para la detección temprana de la enfermedad, que mostraban una mejora clara, incluso tras un periodo tan corto como 20 semanas en el programa.
Si no habías recibido información de estos últimos avances, estos resultados te podrían resultar sorprendentes. Sin embargo, el origen de toda esta nueva ola de iniciativas no es tan novedoso, ya que se encuentra en un estudio realizado en Finlandia, liderado por la dra. Miia Kivipelto, y publicado en 2013. Es el (ahora legendario) Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability, más conocido por su acrónimo: FINGER. Entre 2009 y 2011 se hizo un seguimiento detallado de 2600 personas. El estudio continuó durante años posteriores, pero ya en 2013 se publicaron los primeros resultados. Aproximadamente la mitad de estas personas tuvieron que hacer unos cambios significativos en sus hábitos. Y después, se comparó la evolución de ambos grupos en un amplio campo de capacidades mentales y en la prevención de dicho tipo de enfermedades. Los resultados fueron sorprendentes. El grupo de intervención (el que realizó el cambio de hábitos) consiguió una mejora superior en sus capacidades:
25% de capacidad cognitiva general
40% en tareas de memoria complejas
83% en su capacidad ejecutiva
150% en capacidad de psicomotora
Además, al grupo de control (el que no realizó el cambio de hábitos) se le estimó un riesgo un 30% mayor en desarrollar una merma cognitiva, tras dos años del programa. Las conclusiones del estudio se publicaron en referencias médicas punteras (como The Lancet), y también en la revista Nature. Estos impactantes resultados llevaron a Kivipelto a poner en marcha la red mundial FINGERS, que se ha ido ampliando hasta incluir ahora equipos de investigación de más de 60 países. Hasta el momento, se han completado 13 ensayos en todo el mundo, 15 están en curso (junio de 2023) y hay varios más previstos. Y, algunos estos ensayos se han realizado, o se están realizando, en Estados Unidos. Llegamos así a los pacientes que podemos ver en el documental de CNN:
Cici Zerbe, 85 años, educadora jubilada. Hace 6 años, un neurólogo le diagnosticó un deterioro cognitivo leve y demencia causado por el Alzheimer. Con varios antecedentes familiares, Zerbe comprendía el fatal destino que le esperaba. Su madre pasó sus últimos años en un asilo por la total dependencia que la enfermedad le causó. En 2019 se unió al estudio del dr. Dean Ornish. 5 años después pueden confirmar como el programa le ha cambiado la vida. No solamente no se produjo el deterioro esperado, sino que buena parte de los síntomas desaparecieron.
Otros dos pacientes del programa del dr. Ornish, profesor de medicina clínica en la Universidad de California/San Francisco, fueron Tammy Maida y Mike Carver. Maida, 67 años, comenzó a desarrollar síntomas antes de cumplir 60. Olvidos constantes de elementos cotidianos comenzaron a afectar de forma significativa su vida. Tras su periplo en el programa Maida ha recuperado sus actividades familiares y vuelve a leer novelas de forma constante.
Mike Carver, 71 años, fue diagnosticado a los 64. Carver es otro portador de dos copias del APOE4. Como Maida, Carver ha recuperado buena parte de sus actividades y gestiona de nuevo las finanzas de la familia.
Simon Nicholls, 55 años, emprendedor. Tras un diagnóstico temprano de la enfermedad, Nicholls se unió al programa del dr. Dr. Richard Isaacson. Este paciente es portador de dos copias del APOE4, lo que podría indicar el origen genético de estos problemas. Pero solo 14 meses después de unirse al programa, los biomarcadores en sangre ya no indicaban la presencia de problemas.
El estudio de Ornish incluyó a 51 personas a las que se dio seguimiento durante 20 semanas y fue publicado en junio del 2024. Estas dramáticas mejoras en tan corto periodo no fueron alcanzadas por todos los pacientes. Pero los resultados mostraron que el 71% de los pacientes del grupo de intervención mejoraron o no sufrieron cambios, mientras que ninguno de los pacientes del grupo de control mejoró y el 68% empeoró. Los mecanismos asociados no se comprenden bien todavía. Pero hay, desde luego, motivo para la esperanza. Ornish realiza un esfuerzo divulgador como presidente del Instituto de Investigación de Medicina Preventiva, una organización sin fines de lucro, y como coautor de “Undo It!: How Simple Lifestyle Changes Can Reverse Most Chronic Diseases”. Para los que estén investigando este asunto añadiré que otros doctores también entrevistados por Gupta fueron Rudy Tanzi, director del Centro McCance para la Salud Cerebral del Hospital General de Massachusetts en Boston y la Dra. Suzanne Schindler, profesora adjunta de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis.
¿Pero en qué consiste este protocolo milagroso? ¿Es realmente tan novedoso? Pues sí y no. En alz.org, uno de los recursos online esenciales, se ha propuesto durante años un decálogo de consejos que podrían ayudar en la prevención de la enfermedad:
Ponle retos a tu mente. Aprende nuevas habilidades. Realiza actividades que requieren de un cierto esfuerzo mental.
Educación. Realizar cursos y aprender cosas nuevas podría ayudar también.
Ejercicio regular.
Protege la cabeza. Casco, cinturón, etc. Los golpes directos pueden incrementar el riesgo.
No fumes.
Evita o, al menos, controla la presión arterial alta.
Gestiona tu diabetes, si la tienes.
Come de forma saludable (dieta mediterránea).
Mantén un peso saludable.
Duerme bien.
Nada realmente sorprendente en estos consejos, que se centran en controlar o evitar los factores de riesgo conocidos. Pero el programa de Ornish (fuertemente apoyado en los descubrimientos de FINGER) supone darle una vuelta de tuerca importante a estos principios clásicos. Este sería un resumen del protocolo:
Ejercicio aeróbico (p. ej., caminar) al menos 30 minutos al día y ejercicios leves de entrenamiento de fuerza (como pesas) al menos tres veces por semana.
Gestión del estrés: Meditación, posturas suaves basadas en yoga, estiramientos, relajación progresiva, ejercicios de respiración durante un total de una hora por día.
Apoyo grupal: Los participantes y sus cónyuges/compañeros de estudio participaron en un grupo de apoyo de una hora por sesión supervisado por un profesional de salud mental en un entorno de apoyo emocional y comunitario. También recibieron un libro con ejercicios de memoria utilizados periódicamente durante las sesiones grupales.
Dieta: no consumir más del 10% de las calorías provenientes de grasas; seguir una dieta basada principalmente en plantas; consumir no más de 10 miligramos de colesterol por día; eliminar la carne, el pescado, las aves y la cafeína, a excepción del té verde; consumir azúcar, sodio y alcohol con moderación; y comer una porción diaria de alimentos de soja.
Para conseguir implementar este abrupto cambio en el estilo de vida, cada paciente y su cónyuge o compañero de estudio se reunieron tres veces por semana, cuatro horas por sesión vía Zoom, en las que profesionales de salud dirigían el seguimiento de cada una de las 4 prácticas diarias: ejercicio, sesiones de grupo, meditación y gestión del estrés, y 1 hora de clase de temas como la dieta saludable.